El aroma de la leña quemada se mezcla con el vapor que asciende desde una olla grande en la cocina de Doña Ema Oviedo, ubicada en la vereda La Pradera de Duitama. En este espacio sencillo pero lleno de historia, Nelson Yamit sostiene un diálogo íntimo y profundo con esta mujer oriunda de Macaravita, Santander, quien ha hecho de su hogar boyacense el escenario perfecto para preservar las tradiciones culinarias de la región. La entrevista, realizada por Matinal Noticias Boyacá como parte del proyecto radial Mujeres Campesinas: Voces que Alimentan a Boyacá, ganadores de la convocatoria del 53° Festival Internacional de la Cultura Campesina FICC 2026 con el apoyo de la Gobernación de Boyacá y la Secretaría de Cultura y Patrimonio, trasciende la simple receta para convertirse en un testimonio vivo sobre la identidad, la memoria y el amor transmitido a través del fuego lento.


EL RITUAL DEL MAÍZ PELAO


Doña Ema recibe al periodista con calidez, saludándolo afectuosamente como Nelsito. Su voz, marcada por los años y la sabiduría campesina, narra con precisión milimétrica el proceso ancestral del mute de maíz pelado, uno de los platos insignia de la gastronomía boyacense. Explica que la clave reside en el uso de ceniza de leña, nunca de carbón, obtenida directamente de la estufa doméstica. Este subproducto, recogido cuidadosamente, se cuela para retirar residuos sólidos y luego se hierve brevemente antes de incorporar el maíz desgranado. El hervor constante durante aproximadamente una hora permite que el grano libere su cascarilla natural, señal inequívoca de que está listo para ser lavado y sancochado nuevamente, esta vez solo en agua limpia. Para garantizar la textura ideal, Doña Ema recomienda adelantar este proceso el sábado anterior si el plato servirá el domingo, demostrando así la paciencia y planificación inherentes a la cocina tradicional.


LOS SABORES DEL FOGÓN Y LA LUMBRE


La conversación avanza hacia los ingredientes complementarios que dan cuerpo al mute. Los frijoles, ya sean secos o verdes, se integran junto con papa criolla, papa de año y, fundamentalmente, pata, elemento insustituible que aporta gelatina y profundidad al caldo. Doña Ema detalla cómo estos componentes deben cocinarse lentamente toda la noche en fogón de leña, pues advierte categóricamente que las comidas preparadas en estufas de gas carecen del sabor auténtico que proporciona la madera ardiendo. Menciona diversas especies arbóreas adecuadas para el fuego, como eucalipto, pino, aliso y acacias, subrayando que la calidad del fondo depende tanto de la cantidad de personas a atender como de la selección rigurosa del combustible vegetal.


LA HERENCIA MATERNA Y LOS SABERES DE AYER


Más allá de la técnica, emerge la dimensión emocional y generacional de esta práctica culinaria. Doña Ema revela que aprendió estas recetas de su madre, guardando vivencias vívidas de otras preparaciones tradicionales como la sopa de pinto, el cuchuco de trigo, maíz y cebada, y las arrullas. Recuerda con nostalgia cómo ella misma trillaba la cebada y elaboraba los cuchucos desde cero, procesos hoy casi extintos. Aunque reconoce que aprender fue duro, agradece haber recibido esa herencia materna y ahora la transmite orgullosamente a sus hijos, especialmente a las hijas, considerando que la enseñanza femenina tiene un rol particular en la conservación doméstica. Insiste en que mantener vivas estas tradiciones es vital porque no son platos cotidianos como arroz y pasta, sino celebraciones gastronómicas reservadas para ocasiones especiales, reuniones familiares y eventos comunitarios donde cada bocado lleva implícito cariño y dedicación.


LA RESISTENCIA FRENTE AL OLVIDO


Ante la preocupación expresada por el periodista respecto al riesgo de desaparición de estos saberes frente a la falta de interés juvenil, Doña Ema responde con firmeza serena. Afirma que mientras esté viva, no abandonará su tradición, consciente de que algún día será solo recuerdo, pero dejando sembrada la semilla en quienes continúen. Pide encarecidamente a los oyentes rurales que escuchen la transmisión que no olviden lo legado por abuelos y padres, resaltando que rescatar estas prácticas equivale a honrar la vida misma. Con humor cómplice, acepta la idea de que muchos se enamoran por el estómago más que por otros atributos, valorando profundamente a la mujer que cocina con amor, entendiendo que alimentar con entrega es también nutrir vínculos humanos esenciales.


CELEBRACIONES, ANÉCDOTAS Y DESPEDIDA


Finalmente, Doña Ema comparte anécdotas sobre las mayores cantidades de mute preparadas en bautizos, matrimonios, primeras comuniones y cumpleaños familiares, momentos en que descendientes y amigos solicitan específicamente esos sabores infantiles reconfortantes. Destaca que la mayor satisfacción radica en ver platos limpios y ollas vacías, sin desperdicio alguno, pues insiste en que la comida no se bota, sino que se conserva dignamente en nevera o congelador cuando sobra. Cierra mencionando elementos finales imprescindibles como cebolla, cilantro y ají picados, añadidos al momento de servir para realzar frescura y carácter. Al despedirse, bendice al equipo periodístico y reafirma su disposición continua para deleitar paladares con ese mute delicioso, símbolo tangible de resistencia cultural y afecto materno en tierras boyacenses.



Redacción: Nelson Yamit Soledad 
Director Matinal Noticias Boyacá