Un deslizamiento masivo registrado durante la madrugada del jueves 22 de octubre en la vereda Pajales, municipio de Moniquirá, Boyacá, ha dejado varias estructuras colapsadas y tres familias evacuadas. El fenómeno, catalogado como un "movimiento en masa" sin precedentes recientes en el sector, afectó aproximadamente doce hectáreas de terreno rural cercano al límite con el departamento de Santander. Las autoridades han restringido el ingreso a la zona debido a que la tierra continúa moviéndose, mientras se adelantan estudios técnicos para determinar las causas definitivas y la estabilidad final del suelo.


El reporte inicial indica que el evento ocurrió cerca de las dos de la mañana, cuando los habitantes sintieron cómo se les "movía el piso". La emergencia se localiza específicamente en la vía que comunica a Moniquirá con San José de Pare. Según testimonios recogidos en el lugar, el terreno se hundió entre veinte y veinticinco metros, aunque algunas comunidades locales estiman profundidades de hasta cincuenta metros. A pesar de lo dramático de las imágenes, donde se observan trozos gigantes de tierra separados en medio de bosques naturales, no se reportaron personas lesionadas ni fallecidas. Sin embargo, sí hubo pérdidas materiales significativas, incluyendo animales atrapados y pertenencias de los ocupantes bajo los escombros. Dos viviendas colapsaron completamente y otras edificaciones presentan riesgo inminente de derrumbe.


La comandante Gloria Wilches, quien lideró la primera respuesta operativa, detalló que recibieron la llamada de auxilio alrededor de las cuatro de la mañana. Personal de bomberos voluntarios, equipado con una máquina de intervención rápida y cuatro unidades adicionales, junto con efectivos de la Policía Nacional, se desplazaron hacia el sitio. La llegada demoró más de lo previsto debido al estado crítico de la carretera, complicada tanto por las lluvias intensas de los días anteriores como por trabajos de arreglo vial activos en la zona. Una vez en el punto, y ante la oscuridad y el peligro constante, se recomendó la evacuación inmediata de las viviendas situadas en la parte baja del desprendimiento. Se coordinó también con la Secretaría de Obras Públicas y la Unidad Municipal de Gestión del Riesgo, representada por el ingeniero Harvey Barrera, quienes realizaron sobrevuelos con drones al amanecer para evaluar la magnitud real del desastre. Como medida preventiva, se acordonó el área prohibiendo el acceso de personal no autorizado, dado que los deslizamientos continuaban presentándose, aunque a menor escala.


El alcalde de Moniquirá, Freddy Giovanni Pardo, confirmó en entrevista exclusiva que la situación es compleja y supera cualquier antecedente similar conocido en el municipio. El mandatario explicó que, según datos preliminares aportados por expertos enviados por la Unidad Departamental para la Gestión del Riesgo de Desastres (UDGRD), geólogos e ingenieros identifican las fuertes precipitaciones como el detonante principal. Los registros hidrometeorológicos revelan una anomalía climática crítica: mientras que en el mes anterior llovieron apenas entre cuarenta y cincuenta milímetros acumulados, solo durante la noche del miércoles al jueves se registraron ochenta coma dos milímetros de lluvia en un único día. Esta saturación súbita del terreno, sumada a las características geológicas propias de la región y la variabilidad climática, habría generado la falla estructural del suelo. Es importante precisar que las causas definitivas serán establecidas mediante estudios técnicos especializados que ya están en desarrollo.


Ante este escenario, la administración municipal ha activado mecanismos extraordinarios de atención. Entre las acciones inmediatas figuran la evaluación de subsidios temporales o arrendamientos para garantizar un techo digno a las tres familias directamente comprometidas, así como la revisión técnica de las viviendas aledañas para determinar si pueden ser salvaguardadas o requieren demolición controlada. Además, se solicitó maquinaria amarilla adicional, incluida retroexcavadora, a la Gobernación de Boyacá y a entidades nacionales para apoyar las labores de remoción y estabilización. El alcalde enfatizó que, aunque actualmente solo hay tres familias evacuadas de manera forzosa, se mantiene una vigilancia permanente sobre otras viviendas cercanas, especialmente aquellas ubicadas en partes altas y bajas adyacentes a la zona de fractura, evaluando la necesidad de realizar nuevas evacuaciones preventivas si el movimiento persiste.


Las autoridades hicieron un llamado urgente a la comunidad para acatar estrictamente las instrucciones de los organismos de socorro. Se prohíbe terminantemente ingresar a la zona restringida, realizar excavaciones no autorizadas o acercarse a puntos represados de ríos cercanos, pues existe riesgo de nuevos colapsos repentinos. También se instó a informar oportunamente cualquier cambio observable en el terreno. Aunque el epicentro de esta emergencia está en Pajales, el alcalde señaló que otros sectores rurales como La Laja, Vélez y San Vicente también reportan afectaciones menores derivadas de las lluvias, manteniéndose activados todos los frentes de gestión del riesgo en el municipio.


Este suceso recuerda eventos similares ocurridos recientemente en la frontera boyacense-santandereana, como el deslizamiento en la vereda Zarandas del municipio de Vélez hace exactamente un año, o los movimientos en el sector San Pedro entre Bajo Jordán y Landázuri, cuya infraestructura vial aún no ha sido plenamente recuperada. Expertos advierten que, dada la naturaleza forestal y natural del predio afectado, existen conexiones subterráneas profundas que podrían estar propagando el riesgo hacia zonas circunvecinas. Por ello, la incertidumbre sobre si el movimiento cesará o continuará expandiéndose mantiene en alerta máxima a los residentes de toda la provincia Ricaurte. Hasta ahora, la prioridad absoluta sigue siendo la preservación de vidas humanas, logrando felizmente evitar tragedias personales pese a la destrucción material considerable.