FAUNA SILENCIOSA: EL IMPACTO DEVASTADOR DEL INCENDIO EN LA VIDA SILVESTRE DE VILLA DE LEYVA E IGUAQUE 

 FAUNA SILENCIOSA: EL IMPACTO DEVASTADOR DEL INCENDIO EN LA VIDA SILVESTRE DE VILLA DE LEYVA E IGUAQUE 
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Mientras las cámaras y los reflectores se centran en el avance del fuego hacia las viviendas y la infraestructura turística, una tragedia silenciosa ocurre entre los matorrales y cuevas del cerro San Marcos. El incendio forestal no solo ha calcinado más de 338 hectáreas de vegetación, sino que ha dejado un rastro de muerte, sufrimiento y desplazamiento forzado para miles de animales silvestres que habitan este ecosistema único.

 

CUERPOS ABRASADOS Y PULMONES COLAPSADOS

 

El testimonio más desgarrador proviene del trabajo realizado por Corpoboyacá y su equipo veterinario. Los animales rescatados presentan cuadros clínicos críticos que reflejan la ferocidad de las llamas. Uno de los casos documentados es el de una zarigüeya encontrada con quemaduras en aproximadamente el 60% de su cuerpo. Las lesiones incluyen quemaduras de tercer grado en sus orejas, patas traseras y plantas de los pies, además de afectaciones de segundo grado en cara, tórax y cola.

 

Pero el daño visible es apenas una parte del trauma. La mayoría de los sobrevivientes sufren intoxicación por monóxido de carbono e insuficiencia respiratoria aguda debido a la inhalación de humo denso y partículas incandescentes. «Se evidenciaron signos compatibles con afectación respiratoria por inhalación de humo», explica el informe oficial, lo que obliga al personal médico a iniciar tratamientos inmediatos de oxigenoterapia, nebulizaciones intensivas y fluidoterapia para contrarrestar la deshidratación severa causada por el calor extremo.

 

ESPECIES ÚNICAS EN PELIGRO DE EXTINCIÓN LOCAL

 

El cerro San Marcos no es solo monte bajo; es un refugio crítico para especies endémicas y amenazadas. Entre los animales atendidos se encuentra una paca de montaña (Cuniculus paca), un roedor herbívoro esencial para la dispersión de semillas en el bosque seco altoandino. Su rescate subraya la vulnerabilidad de mamíferos medianos que, al intentar huir del frente de fuego, quedan atrapados en zonas de difícil acceso o expuestos a depredadores aprovechando el caos.

 

Expertos ambientalistas advierten que la mortalidad real podría ser exponencialmente mayor a la registrada oficialmente. Pequeños reptiles, anfibios, insectos polinizadores y aves nidificantes probablemente perecieron carbonizados o asfixiados antes de poder ser vistos o rescatados. La destrucción de microhábitats como madrigueras, nidos arbóreos y estratos de hojarasca elimina fuentes de alimento y protección durante meses, incluso años, post-incendio.

 

 

LA RESPUESTA VETERINARIA Y EL ROL DE LA COMUNIDAD

 

Ante esta emergencia biológica, Corpoboyacá activó un protocolo especializado de atención primaria. El procedimiento incluye lavado exhaustivo de heridas con solución salina fisiológica, manejo agresivo del dolor con analgésicos opioides y antiinflamatorios, así como vendajes húmedos estériles para prevenir infecciones secundarias bacterianas o fúngicas, comunes en tejidos necróticos.

 

Los animales estabilizados son trasladados posteriormente al Hogar de Paso de Fauna Silvestre de la Universidad Juan de Castellanos, donde reciben valoración especializada prolongada, cirugía reconstructiva si es necesario, rehabilitación física y reintroducción controlada cuando recuperan viabilidad funcional. Este proceso puede durar semanas o meses dependiendo de la gravedad del cuadro clínico inicial.

 

Sin embargo, muchas veces los primeros respondedores no son profesionales entrenados sino ciudadanos comunes quienes encuentran animales heridos intentando escapar del humo. Por ello, las autoridades insisten en evitar la manipulación inadecuada que puede causar estrés adicional, fracturas óseas ocultas o transmisión zoonótica de enfermedades. Si usted encuentra fauna silvestre afectada, reporte inmediatamente a la línea dedicada 321 950 7750 sin tocar ni alimentar al animal.

 

EL COSTO ECOLÓGICO INVISIBLE

 

Más allá de las cifras hectareadas quemadas, el verdadero costo ecológico reside en la pérdida irreversible de biodiversidad local. Cada especie desaparecida representa un eslabón roto en la cadena trófica que sostiene la salud integral del páramo y bosque andino circundante. Polinizadores extintos afectan regeneración vegetal futura; predadores naturales eliminados generan explosiones poblacionales de plagas agrícolas posteriores; dispersores de semillas ausentes impiden recuperación natural del dosel arbóreo dañado.

 

Villa de Leyva enfrenta hoy no solo una crisis inmobiliaria o turística derivada del riesgo habitacional inmediato, sino también una catástrofe ambiental profunda cuya dimensión completa tardaremos décadas en medir plenamente mientras observamos cómo pequeños ojos vidriosos luchan por respirar aire limpio nuevamente después del infierno vivido sobre sus propios cuerpos frágiles cubiertos por piel fina susceptible ante temperaturas superiores mil grados centígrados, generadas dentro columnas de fuego directamente encima de ellos y que dentro del infierno en su propio hábitat buscaban desesperadamente salida.

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